Violencia no es “folklore”

La violencia en el fútbol es una gran problemática en la actualidad de nuestro país que, lamentablemente, pareciera estar cada día más naturalizada y aceptada. Algunos lo llaman “folklore”, esa típica forma de expresarse contra equipos rivales, árbitros y jugadores, creyendo que sin esto, el fútbol en Argentina no sería lo mismo.
Con el folklore se ve la diferencia entre hinchas y fanáticos, donde los últimos, son aquellos con la furia contra el rival a flor de piel, los que van a la cancha a hacer ruido, quienes no ven la realidad y buscan expresar su desazón alterando la integridad, física o moral, de algún hincha rival o espectador. ¿Es normal que un ser humano sea linchado, asesinado o torturado por ser de otro equipo? ¿Está bien pegarle a un jugador por tener una mala racha? Más allá de que la violencia surge por la poca empatía que tiene la sociedad con el prójimo; dirigentes y superiores no hacen mucho para revertirlo. La muerte en un campo de fútbol deja de ser aquél tan aclamado folklore, deja de ser deporte, y por sobre todo, termina con el espectáculo del que disfrutan miles de argentinos.
Según un estudio realizado por la organización Salvemos al Fútbol, las estadísticas indican que desde 1922 han muerto 317 personas a raíz de la violencia y las acciones ya mencionadas. El número pareciera no asustar para los superiores, los que realmente son responsables y deberían solucionar estos acontecimientos. Lo que sucede nunca termina de quedar claro, la mayoría de las veces, la policía o reconocidos dirigentes están implicados en los casos, justamente con las conocidas barras bravas. Este nexo empieza con la reventa de entradas y abarca muchas acciones ilegales que van creciendo cada vez más, hasta que es imposible controlarlo o dar marcha atrás en el asunto.
Un claro ejemplo de todo lo mencionado anteriormente es el negocio del 24 de noviembre de 2018. Final de Copa Libertadores entre River y Boca, el clásico más importante de Argentina. La noticia daba miedo, podía ser un espectáculo normal y organizado, o podía ser el evento que desencadenara la violencia que existe en nuestra sociedad. Y así fue. Existen muchas versiones sobre lo sucedido aquel día, donde le robaron la final más importante del siglo a un país. “Allanaron la casa de los barras más temidos del club un día antes, ¿cómo no lo iban a venir a suspender?”, decían algunos hinchas luego del caos sufrido tras la suspensión en el Monumental. Otros lo intentaban justificar y comparar con el famoso “Gas Pimienta” de 2015, en cancha de Boca, para que parezca menos terrible. Y por supuesto, hubo miles que sostenían que “Fue una falla del operativo de seguridad”, “Liberaron la zona y dejaron sólo al colectivo de Boca”.
En la mayoría de las hipótesis se encuentra algún sector de “poder” comprometido, entonces es un constante retroceso en la solución al problema. Y este es sólo un ejemplo, Argentina está colmada de situaciones como esta, y peores, a lo largo de su historia.
La solución más próxima a este drama, que ya acumuló varios capítulos cobrando vidas, debe ser una política estricta y totalmente comprometida, sin intereses económicos ni partidarios. Libre de toda mezquindad, para lograr lo que todo ciudadano desea, vivir en paz y civilizadamente y así poder disfrutar de este deporte que apasiona a millones de personas alrededor del mundo.
Camila Maldonado.




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